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Orfeo y Mime
por Tauro Aldebaran (españa)

Orfeo de Cobra, Orfeo de Lira y Mime de Benetnasch

Muchos fans asistimos incrédulos a la presencia de 3 personajes diferentes pero con curiosas semejanzas físicas y psicológicas en la epopeya de Saint Seiya, incoherencia que cualquier fan que se precie de ello podria reprochar a los creadores de esta serie de Manga Anime, y que demuestra una vez más que ni Kurumada ni Toei se pusieron de acuerdo en consensuar o planificar detenidamente un guión y una lista de personajes única para Saint Seiya, cada cual metió algo de su ingenio en ello sin ser consciente de su posterior repercusión en el hilo de la historia, y Orfeo de Lira es un claro ejemplo de ello, un personaje confuso fruto de las incoherencias y paralelismos del Manga, la serie TV y las películas del Anime que merece un análisis aparte, veámoslo.

Kurumada se inspiró en el personaje mitológico de Orfeo y lo decoró con cosecha propia. En los numeros 23 y 24 del Manga, entran en escena Orfeo y su amada Euridice. Y es que su triste historia obviamente merecía aparecer en la Saga dedicada al Reino de Hades (Meikai), pues Orfeo y Eurídice protagonizan una de las leyendas de amor más conmovedoras de toda la mitología, no sólo clásica, sino universal, junto con la de Eros y Psique.

El mito de ORFEO Y EURÍDICE
(inspiración mitológica del personaje)

En la mitologia griega, según unas versiones, Orfeo (Orpheus en griego) era el hijo del dios Apolo y de una de las nueve musas, Calíope (otras leyendas afirman que sus padres fueron Eagro, rey de Tracia, y la propia musa Calíope, o, según diferentes mitos, de nuevo Apolo y otra musa, esta vez Clío). Parece ser que su padre Apolo, que gozaba de una excelsa capacidad para tocar la lira le obsequió con una a su nacimiento y le enseñó a usarla, de ahí sus especiales encantos artísticos.

 

La lira es un instrumento de cuerda que según la mitología fue creado por el joven Hermes que mató a una tortuga y usó su caparazón sobre el que tensó varias cuerdas, este ofreció su invento a Apolo que lo convirtió en uno de sus atributos. A su turno, Orfeo inventó la cítara y añadió dos cuerdas a la lira, que pasó de las 7 que tenía a tener 9, en honor a las nueve musas, con ella tocaba ingeniosas y excepcionales melodías. Así, a medida que crecía mejoraba su talento a tal punto que cuando alcanzó la adolescencia se convirtió en un poeta, cantor y músico tracio de poderes extraordinarios, con los sones de su voz y los armónicos acordes y melodías de su lira cautivaba a todos los seres de la naturaleza que lo escuchaban y, por supuesto, todos los hombres y dioses, quedaban embelesados al oírlo cantar junto a su instrumento. Orfeo amansaba a los animales salvajes, logrando que las bestias más feroces se reunieran en su derredor y lo siguiesen, y que los árboles e, incluso, las rocas se inclinasen, acercasen y moviesen a su paso para escucharle, incluso los ríos retrocedían su curso con el mismo fin.

Cuando Orfeo se transformó en un mancebo esbelto tantos eran, pues, sus encantos y sabiduría, que muchas mujeres y ninfas le pretendían en matrimonio. Un día Orfeo conoce a la modesta pero encantadora ninfa Euridice. La ama apasionadamente desde el primer momento, y ya nunca podrá olvidarla ni amar a otra mujer. A pesar de su enorme pudor, decidió casarse con ella, para lo que pidió permiso a Zeus, quien se lo concedió sin dudarlo. Orfeo y Eurídice se casan. Su unión fue extremadamente feliz, pero poco duradera.

La fatalidad quiso que el mismo día de la boda, mientras Eurídice estaba festejando con las ninfas, se presentó ante ella el pastor Euristeo, rival de Orfeo en el amor de Eurídice, exigiéndole casamiento, ante la negativa Euristeo intenta tomarla por la fuerza para raptarla, provocando su huida. La ninfa era mucho más veloz, ágil e inteligente, por lo que consiguió alejarse fácilmente de su raptor, pero durante la persecución, Eurídice pisó accidentalmente una serpiente venenosa y fue mordida en uno de sus tobillos, lo cual le causó la muerte.

Al enterarse de lo ocurrido Orfeo quedó enormemente desconsolado, pues estaba profundamente enamorado de su mujer. Embargado por una profunda tristeza, tocó a los cuatro vientos una melodía que conmovió a todos los oyentes, sumiendo a la naturaleza que le rodeaba en una profunda melancolía. Como no podía soportar vivir sin Eurídice, se propuso devolverle la vida costase lo que costase. Imploró a los dioses de los cielos su devolución al mundo de los vivos pero no obtuvo ningún éxito así que resolvió descender él mismo al Hades para ir a buscarla, lugar donde pretendía obtener la ayuda de los dioses del submundo.

En el Hades

Después de muchos días de viaje llegó a la laguna Estigia, donde pidió al barquero Caronte que le pasara al otro lado, pero este se negó, porque sólo cruzaba a los muertos, entonces Orfeo tocó su lira y Caronte escuchó la música embelesado, le pidió que siguiera tocando y Orfeo le puso como condición que lo llevara a la otra orilla, Caronte accedió, así Orfeo entonó un canto tan hermoso que hechizó a Caronte y consiguió que lo pasara al otro lado de la laguna. En la otra orilla Orfeo adormeció con una melodía suave y volátil al guardian de la entrada al Hades, el perro de tres cabezas Cancerbero, convenciéndolo con la música para que le abriera las siete puertas, una después de otra. Una vez logró entrar hizo lo mismo con las tres furias.. Luego tuvo que enfrentarse a innumerables fantasmas y monstruos que intentaban atemorizarlo a lo largo de su camino. Avanzando por el Hades consiguió paralizar con sus cantos toda la vida y movimientos del antro infernal, así la rueda de Ixión detuvo su interminable movimiento y la piedra de Sísifo dejó de rodar, las Danaides abandonaron momentáneamente su inútil trabajo de llenar de agua ánforas agujereadas. Hasta que, por fin, se presentó ante los reyes del ocaso, en su palacio, el dios Hades y la diosa Perséfone. Orfeo les suplicó y les cantó su amor por Eurídice. Todo allí quedó detenido para poder disfrutar de aquel concierto, sus melodías eran tan bellas que ablandaron los ánimos de los dos inmortales y más inflexibles de los dioses, logró enternecerlos y se apiadaron del joven, los convenció para que se la devolvieran y la dejaran marchar, pero pusieron una estricta condición: que cuando retornase con ella al mundo terrenal Orfeo debía salir primero por los pasajes oscuros, Eurídice debía seguirle en silencio detrás. Ella volvería a la vida sólo si Orfeo no se daba la vuelta durante su viaje de regreso. En ningún caso podría girarse ni mirar ni una sola vez hacia atrás para verla o comprobar si la mujer le seguía. Si incumplía esta orden, la perdería definitivamente. Orfeo aceptó el reto. Eurídice apareció donde todos se hallaban desde el lugar que se les daba a los recién llegados, renqueando con su pie herido. Ella, tal como había sido prescrito, siguió sumisamente sus pasos a lo largo del camino de retorno y ascenso hacia la luz del sol. Orfeo avanzó hacia la salida con Eurídice detrás, a la que no había visto.

Empezó el viaje de vuelta sin mirar atrás, pero la subida era lenta, pues Eurídice aún estaba herida. Después de un rato de marcha, cuando llegó a la laguna Estigia, justo antes de subir a la barca de Caronte, cuando ya estaba pisando el umbral de la salida del Hades, y al no percibir los pasos de Eurídice, dudó de la palabra de los dioses, olvidó el pacto, Orfeo no pudo contener su humana curiosidad y se giró ansioso hacia atrás para comprobar si su mujer le seguía, al darse la vuelta, vio por un momento como su amada estaba alli, pero justo en ese instante se alejó, se desvaneció, Orfeo sólo pudo alcanzar vapor, tan sólo llegó a intuir como una sombra espectral se desvanecía hacia las profundidades. Las puertas del Hades se cierran tras él, su amada Eurídice desapareció en la nada y volvió al reino de los muertos perdiéndola para siempre por haber desobedecido. La amenaza de los dioses del Hades se había cumplido implacable. Orfeo, se quedó doblemente desconsolado. La desgracia le cegó e intentó de nuevo penetrar en el Hades, pero se le impidió la entrada. La ley fijada por Hades y Perséfone le impedía retornar al Hades. Caronte, el barquero, se negó a transportarle de nuevo, por lo que desesperado, no le quedó más remedio que vagar solitario, consumido por la aflicción de su doble desgracia. Había perdido a su mujer por dos veces consecutivas. La última por no haber sabido contener su curiosidad y respetar la orden divina. Orfeo se quedó en las puertas del Hades siete días más sin comer ni beber, vagando por las orillas del río Aqueronte, pero, al ver que no obtendría lo que deseaba, se fue.

La muerte de Orfeo
A partir de entonces, estuvo vagando por el desierto tocando su lira, encantando a piedras y animales, sin comer nada, y rechazando en todo momento la compañía humana. Sobre lo que sucedió después hay muchas versiones, aunque todas giran alrededor del mismo argumento: que Orfeo volvió desconsolado a la tierra, a su país, Tracia.Terminó retirándose al monte Rodope en una región de la Tracia antigua. 
Una versión dice que Orfeo llevó una vida solitaria, entregada a sus recuerdos, tuvo muchos problemas con las mujeres tracias que le acosaban porque era bello y poeta, y pretendían desposarse con él sin éxito. Añorando todavía a su esposa las despreció, se negó a mantener ningún tipo de relación con ninguna otra mujer, sintiendo aversión por todas ellas, hecho que las mujeres tracias interpretaron como un insulto y un menosprecio, en venganza por los rechazos que sufrían, estas mismas mujeres tracias, durante unas fiestas en honor de Dionisio, acallaron con sus griteríos la voz de Orfeo para que no perturbara sus deseos asesinos, rodearon al héroe musico y poseídas por una furia salvaje porque este rechazaba su atención y sintiendo al mismo tiempo una pasión irresistible por él, lo mataron despedazándolo en muchos trozos.

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