En este momento Isis pierde la paciencia e interviene a favor de Horus, ganándose la simpatía del tribunal. Esto enfurece a Seth, que amenaza con matar cada día a un dios con su cetro, y jura en nombre de Ra que no reconocerá a ningún tribunal en que participe Isis. Ra traslada entonces el tribunal a una isla, dando orden al barquero Nemty de que no cruce a ninguna mujer que se parezca a Isis.
Pero esta maniobra subestima la astucia y la magia de Isis. Disfrazada como una vieja que lleva un cuenco de harina y un anillo con un sello de oro, Isis se acerca a Nemty. Su petición es la de que el barquero la cruce hacia la isla para que ella pueda darle la harina a un joven pastor que ha estado cuidando el ganado durante varios días. Nemty le informa que ha recibido órdenes de no cruzar en barca a ninguna mujer, pero tiene que reconocer que la vieja no se parece a la diosa Isis. Con una pincelada de realismo, empieza el regateo por el precio del viaje: Nemty no acepta el pastel que le ofrece Isis, y sólo acepta acruzarla a cambio del anillo de sello de oro, que recibe a su debido tiempo.
Una vez en la isla, Isis ve que los dioses están comiendo pan en un momento de descanso y tras pronunciar unas palabras para convertirse en una hermosa joven, llama la atención de set, que se excita inmediatamente con el deseo. Set acude junto a Isis, y ésta logra inteligentemente con una estratagema que Set admita su culpa: ella pretende ser la viuda de un pastor cuyo hijo está siendo amenazado por un forastero con confiscarle el ganado de su padre y expulsarlo de su hogar; en consecuencia implora a Set que actúe como defensor de su hijo. Set es preso entonces de una gran indignación por la injusticia que sufren ella y su hijo. Por su propia seguridad, Isis se transforma en milano y vuela hacia una acacia, diciéndole a Set que su propio veredicto lo ha condenado. Sorprendentemente, Set rompe a llorar y se a para quejarse ante Ra del truco de Isis. Ra no tiene más opción que decirle a Set que no había sido demasiado brillante al condenarse a si mismo. Entonces éste muestra un arranque de rencor y pide que Nemty el barquero, sea traído ante el Tribunal. Nemty es hallado culpable de desobediencia, y como castigo se le cortan los dedos de los pies. La corte se traslada ahora a una montaña del desierto. El tribunal concede el trono de Egipto a Horus, pero Set desafía a Horus a un combate.
De este modo empieza una serie de episodios dirigidos a desacreditar a Set. El primero es casi ridículo. Set desafía a Horus a convertirse ambos en hipopótamos y sumergirse en el agua durante tres meses. Si uno de los dos sale a la superficie antes de tiempo, perderá sus derechos al trono. Horus está de acuerdo y ambos se hunden el el agua transformados en animales. Isis repentinamente se inquieta mucho por si Set intenta matar a su hijo bajo el agua, y decide eliminarlo. Hace un arpón de cobre y lo lanza cuando ellos se sumergen. Su primer lanzamiento falla e hiere a Horus. Se lo saca cuando él, naturalmente, se queja. En su segundo intento, da en el blanco, pero cuando Set le suplica diciendo que hay entre ellos vínculos de sangre hermano-hermana, ella se apiada y le saca el arpón del cuerpo.
La siguiente escena es muy extraña. Horus sale del agua furioso contra Isis por perdonarle la vida a Set. La corta la cabeza y se la lleva con él a las montañas. El cuerpo de Isis se convierte en una estatua de perdernal decapitada. Ra le pregunta a Tot que a quien representa la extraña estatua. Tot le cuenta a Ra lo que ha pasado y Ra se enfada y afirma que Horus será castigado y da orden de que se le busque por el desierto. Set descubre a Horus tumbado bajo un árbol en un oasis del desierto. Se arroja sobre él y le saca los ojos, enterrándolos en el desierto donde se convierten en dos flores de loto. Naturalmente da por supuesto que es el fin de su adversario y, a su regreso con Ra, niega haber encontrado a Horus. Sin embargo, la diosa Hathor va al encuentro de Horus que está desesperado y le frota los ojos con leche de gacela. Mágicamente se cura. Después se devuelve la cabeza a Isis que vuelve a su estado natural. Cuando Ra se entera de lo sucedido, acaba por perder la paciencia, convoca a Horus y a set y les ordena dejar de pelearse, ya que están destrozando los nervios de todo el mundo.
Set, el supremo tramposo, acepta aparentemente una reconciliación e invita a Horus a una fiesta en su casa. Esa noche Set le hace a Horus una propuesta homosexual, pero éste, sin saberlo Set, desvía el ataque y con las manos entre sus muslos recoge el semen de Set. Horus se lo cuenta a Isis, que queda horrorizada cuando éste le muestra su mano con el semen. Considerando sucia la mano de su hijo, se la corta y la arroja a los pantanos; luego con la magia le fabrica una nueva mano (según otras leyendas, la mano se la fabrica Ra). Con un ungüento perfumado, Isis levanta el pene de Horus y guarda en una jarra su semen. Después se va al jardín y esparce el semen de su hijo sobre las lechugas, las plantas favoritas de Set. Enseguida viene Set y se come las lechugas. Luego planea hacer de Horus el hazmerreír de los dioses y anucia ante la corte que ha sometido homosexualmente a Horus, lo que hace que los otros dioses expresen su desprecio por Horus escupiendo ante él. A su vez Horus se ríe y acusa a Set de mentir, sugiriendo que sus respectivos sémenes sean llamados para descubrir donde están. Tot, con su brazo sobre Horus, llama al semen de Set para que venga, cosa que éste hace, pero no sale de Horus, sino de los pantanos. Agarrando el brazo de set, Tot llama entonces al semen de Horus que surge como un disco solar de oro sobre la cabeza de Set, y éste es humillado.
Set se niega todavía a admitir su derrota y sugiere una competición absurda que no puede sino parecer un derroche de energía: los rivales deben hacer barcos de piedra para hacer una carrera con ellos. Horus, que ha heredado la astucia de su madre, construye una barco de madrea de pino cubierto de argamasa de arenisca para darle aspecto de piedra. Set ve como se bota y entonces corta el pico de una montaña para hacer un barco de 138 codos (70 metros) de largo. Ante los dioses, el barco de Set se hunde. Furioso, Set se convierte en hipopótamo y destroza del barco de Horus. Horus coge un arma, pero los dioses le advierten que no mate a Set. Totalmente frustrado, Horus navega hasta el santuario oculto de la diosa Neit, en Sais, y explica lo incomprensible que resulta cómo, con tantos juicios a su favor, todavía no está en posición de su herencia legal.
Entre tanto, Tot convence a Ra de que escriba una carta a Osiris a los infiernos. En ella se le da a Osiris un título real que realza sus poderes. La respuesta de Osiris al asunto de decidir entre Horus y set es acentuar su propio papel fortaleciendo a los dioses con trigo emmer y cebada y, de este modo, no defraudar a su hijo Horus. Resentido, Ra replica que los dioses tendrían cebada y trigo emmer tanto si Osiris existiese ono. Ahora llegan las amenazas de los infiernos: Osiris explica que tiene a sus órdenes agentes sedientos de sangre que no tienen ningún respeto por los dioses y diosas, y que gustosamente buscarán y le traerán el corazón de cualquier malvado. Otros dicen que Osiris amenazó con eliminar sus alimentos. Además, las estrellas del cielo, los dioses y la humanidad desciende a lo horizonte occidental y, por lo tanto, al reino de Osiris.
Al reflexionar sensatamente sobre estos hechos, el tribunal de los dioses deciden por unanimidad dar el trono de Osiris a su hijo. Set sufre una última humillación cunado, como prisionero de Isis, es conducido ante los dioses para que renuncie el trono de Egipto. Ra, no obstante, todavía siente una especial consideración por Set y anucia que el dios le hará compañía en el cielo, que su voz será el trueno celeste y le ayudará, en su barca, a derrotar todas las noches, a la serpiente Apofis.
