MITO DE OSIRIS (I)
Cuando, en el principio de los tiempos, Atum-Ra estaba creando el mundo, sus hijos Shu (el aire) y Tefnut (el agua), se emparejaron y tuvieron dos hijos: Geb (la tierra) y Nut o Nout (el cielo). Esta pareja estaba tan estrechamente unida que ni el sol, ni el aire y el agua podía circular por entre ellos. Esta situación enfadó a Ra, que obligó a su hijo Shu a separar a los dos amantes, aun a sabiendas que su violenta separación ocasionaría grandes terremotos en la tierra.
Nut estaba embarazada y cuando Ra se enteró se enfadó más y ordenó que ninguno de los niños de Nut naciera durante los doce meses del año solar, lo que significa condenarlos a muerte. Sin embargo, el astuto dios Thot retó a la Luna a un juego de dados y con gran habilidad le ganó cinco días suplementarios, llamados “días epagómenos”, que se sumaron a los doce meses. Gracias a él Nut pudo dar a luz: primero nació Osiris, luego Horus el Viejo y Seth, y al final Isis y Neftis. Sobre estos cinco hijos hay varias versiones… desde que sólo eran cuatro (y no incluían a Horus el viejo, para diferenciarlo de Horus, el hijo de Isis y Osiris, al no ser que sea el mismo) o que primero nació Osiris y luego, en este orden Isis, Seth y Neftis.
Isis y Osiris se enamoraron… las relaciones entre familiares eran normales entre los dioses. Esta pareja era muy apreciada por los dioses y los hombres por que eran muy bondadosos, lo que provocó codiacias y celos, en particular, por parte de su hermano Seth, que ideó un plan maquiavélico para librarse de su hermano, ya que al ser el primogénito Osiris, era el heredero del trono.
La historia cuenta que, en secreto, midió la talla de su hermano, y con esas medidas, no tardó en mandar fabricar un cofre de madera adorando. Una noche en un festín, hizo que llevarna allí el cofre, y entre risas, prometió que lo regalaría a quien se tendiera allí y encajara perfectamente. Todos los invitados lo intentaron sin éxito y cuando le tocó su turno, Osiris se tendió. Entonces aparecieron los esbirros de Seth, clavaron el cofre, lo sellaron con plomo fundido y lo arrojaron al Nilo. En ese momento intervino Isis, su hermana y esposa, y así empezó la búsqueda de Osiris.
Existen varias versiones del mito de la búsqueda de Osirs. En la más común dice que isi y su hermana Neftis, partieron en busca del cuerpo de osiris y lo encontraron a orillas del Nilo o en Biblos, en Fenicia. Hay que comentar que Isis y Neftis se querían mucho, aunque Neftis era esposa de Seth (este matrimonio no iría bien… e incluso, según una leyenda, Neftis tendría un hijo con Osiris, Anubis, el cual fue aceptado por la bondadosa Isis). Después ocultaron el cuerpo de Osiris.
Pero Seth descubrió el escondite, descuartizó el cuerpo y esparció sus restos por el Nilo. Sus hermanas recuperaron los trozos, los juntaron y suplicaron a Ra, Tot y Anubis para que hicieran revivir al dios. Anubis emmabalsamó el cuerpo del dios.
Entonces Isis concibió un hijo de su esposo difunto. Nació el pequeño Horus (que no dejaría de luchar contra su tío Seth para poder vengar la muerte de su padre). Osiris, a quien lo había resucitado el amor de su esposa, se convirtió en el soberano de la noche que reina en el más allá, el reino de los muertos, y dejó a Ra la soberanía del día y del mundo de los vivos.
Horus nació en el nordeste del Delta, en Jemnis. Aunque Horus era un dios, hijo, nieto y bisnieto de dioses, su juventud se parecía a la de cualquier otro niño egipcio. Jugaba, aprendía a leer y a contar y también se ponía enfermo. Afortunadamente los dioses velaban por él, empezando por su madre Isisy por su tía Neftis. También es cierto que el lugar donde vivían Isis y Horus no era nada acogedor: la diosa había escogido los pantanos de Chemis para que si hijo creciera protegido de Seth, pues, aunque éste sabía de la existencia de su sobrino, no se atrevía a ir a un lugar así. Sin embargo, una ciénaga nunca había sido un sitio apropiado para vivir y a menudo el pequeño Horus sufría fiebres y problemas intestinales que ponían en guardia a isis.
Una noche, por ejemplo, Isis se encontró a su hijo casi sin vida. No tenía ni fuerzas para mamar. Entonces Isis descubrió que a su hijo le había picado un escorpión. El niño estaba en las puertas de la muerte. Isi invocó a los dioses y en seguida aparecieron su hermana Neftis y la diosa escorpión, Selkis. Ambas le dijeron a Isis que era imprescindible la intervención del dios Ra, quien debía interrumpir su curso solar y suspender el paso del tiempo. El bondadoso dios Thot acudió también, que tranquilizó a Isis y dijo unas palabras: “Fuera de aquí, veneno, Ra sabrá hacerte desaparecer. Su barca se ha detenido y no retomará su curso solar hasta que nuestro enfermo se cure. Los pozos se secarán, las cosechas se pudrirán en los campos y a los hombres les faltará el pan mientras Horus no haya recuperado su salud”. Sin embargo, no hubo que llegar a tales extremos por que Horus se curó rápidamente. Este episodio fue tan sólo uno de los tantos que el joven dios iba a vivir a lo largo de su vida.
Seth, no contento con asesinar a su hermano Osiris, tenía un verdadero odio a Horus quien se convertía en el legítimo sucesor de su padre a la cabeza de Egipto. Sin embargo Seth, que al fin al cabo era hermano de Osiris y tío de Horus, no lo entendía así: el poder debía ser suyo y poco le importaban los métodos para conseguirlo.
Cuando Horus alcanza la madurez está listo para luchar por su legítimo patrimonio, el trono de Egipto, y Isis juega un papel crucial para conseguirlo.
Horus reclama la realeza de Egipto ante un tribunal de grandes dioses presidido por el dios Ra. Ha elegido un momento propicio para presentar su caso, cuando Thot (TOt), dios de la sabiduría, está obsequiando al dios Sol con el “ojo sagrado”, símbolo del orden cósmico, de la justicia y la realeza. El dios Shu/Shou requiere la inmediata aprobación de la reclamación de Horus y Tot añade que esta decisión es “justa un millón de veces”. Isis, excitada, prepara el viento del norte para que lleve las nuevas noticias a Osiris en los infiernos. Sin embargo, los dioses han comenzado a actuar prematuramente, ya que Ra interviene para explicar que su decisión no ha sido ratificada por él. Lamenta que insistan en que Horus ya posee el anillo del nombre real (es decir, el cartucho en el que se escribían en jeroglífico dos de los cinco nombres de un rey) y la Corona Blanca del Alto Egipto. Set sugiere que él y Horus deberían salir de la sala de la Justicia y resolver el problema con un combate cuerpo a cuerpo. Thot dice que Horus tiene un buen fundamento, ya que es hijo de Osiris. Ra, no obstante, no de deja convencer y prefiere a Seth.
Así se llega a un callejón sin salida que dura ochenta años. Para intentar una solución, al final los dioses acuerdan enviar una carta a la gran diosa creadora Neit. La carta se remite en nombre de Ra y busca el consejo de la diosa. Neit responde en una respuesta corta que, recalcando los claros argumentos a favor a Horus, que debería heredar el cargo de Osiris- de otra manera, “el cielo se desplomaría” por esa ofenda a la justicia. Neit también es una astuta jueza, ya que se da cuenta que se le debe dar a Set un premio de consolación, e insta a Ra a darle sus dos hijas Anat y Astarté en matrimonio. Los dioses del Tribunal aprobaron el consejo de Neit, excepto Ra. Él encuentra totalmente inaceptable y se vuelve contra Horus para insultarlo. Acusa a Horus de ser un cobarde y de no ser lo suficiente fuerte para ejercer el poder. EL tribunal de los dioses se irrita y un dios menos llamado Baba tiene la osadía de decirle a Ra: “Tu santuario está vacío”, lo que equivale a decir que nadie volverá a tomar en serio nunca más. Ra da muestras de una tremenda sensibilidad a este comentario, abandonando el tribunal para irse a su pabellón y enojarse. La situación vuelve a su cauce gracias a la diosa Hathor, una de las hijas de Ra. Hathor va a su pabellón, se para ante él, se quita la ropa y hace algo que produce que Ra se ría a carcajadas. Entonces vuelve a la sala y dice a Horus y a Set que presenten sus casos.
Set, que es descrito como jactancioso y fanfarrón, declara que merece el trono de Egipto por tener una fuerza invencible. Sólo él es capaz de rechazar a Apofis, el archienemigo de Ra, en el viaje a través de los infiernos. Este argumento es aceptado, ya que Apofis es una amenaza real para la existencia del cosmos. Pero Tot y Anhur (un dios guerrero) preguntan si es legal otorgar la herencia a un hermano si el hijo es capaz de hacerse cargo de ella. Otros dioses argumentan, en contra, que seth es el mayor de los dos.