CUALIDADES DEL ADIESTRADOR El adiestrador debe,« ser una persona equilibrada física y moralmente. Debe ser fuerte, sano, templado de nervios, y aunque el esfuerzo pedido a los cuerpos humanos en esta práctica no está muy por encima de las fuerzas naturales de casi todos los hombres, la armoniosa conducción de las facultades intelectuales, morales y corporales es absolutamente necesaria». Un adiestrador debe ser sociable, toda vez que es la sociedad de dos a la que invita a su animal, y en la que él se atribuye el titulo de jefe, que le dará derecho de mandar y castigar. Es así, que el puesto anhelado, la función que solicita, le obliga imperiosamente a poseer ciertas cualidades del jefe. Además, tened presente que vuestro perro no sabrá soportar la tiranía, ni el desprecio, ni la cólera, ni mucho menos la injusticia. No sabrá representar por mucho tiempo el papel de víctima, ante un instructor de mal carácter, testarudo, mal educado, egoísta, y se marchara de su lado para no ser ni esclavo ni maquina. Los adiestradores vanidosos, coléricos, incapaces de reconocer sus faltas y que maltratan a los animales por la menor contrariedad deben renunciar al adiestramiento y no empeñarse en hacer desgraciados e ineptos a los animales. El verdadero adiestrador es siempre un educador. Sabe que una vida ajena a la suya le ha sido confiada. Sabe, asimismo, que para que esta vida se desarrolle armoniosamente debe poner en práctica las reglas morales más fundamentales. Ello no quiere decir que un educador no tenga que ser firme y enérgico. Al contrario, le serán necesarias una voluntad de hierro y un conjunto de cualidades viriles que harán de él el jefe apto para el mando. Nada de afecciones ni amaneramientos. Clarividencia y sobre todo inteligencia. Nada de sensiblería, y sí mucha sensibilidad. Debe conocer el buen Adiestrador la psico1ogia animal, a la vez que sus propios defectos para graduar exactamente la responsabilidad en la falta cometida. Estas son las condiciones físico -morales que, sobre todo, necesita verdadero Adiestrador. Vemos, pues que el adiestrar perros es un trabajo para personas ya formadas. Nunca hemos visto a ningún joven ir en cabeza de estos ejercicios. Sólo después de cumplidos los treinta años, cuando la vida ha dado suficiente experiencia, cuando una cierta madurez parece haberse adquirido, es cuando pueden predecirse ciertos resultados. Es preciso decir también que esta función se practica en el anonimato, sin esa espectacularidad que tantos buscan en los campos de futbol o en los estadios. Esta misión está desprovista de aparato, y supone tanta paciencia y cualidades ocultas que en general, es mal apreciado el trabajo que se presta. Hemos visto con frecuentemente a espectadores aplaudir cuando se les ofrece un trabajo de salto o escalada y quedarse completamente impasibles en un trabajo de pista. Pienso que el Adiestramiento es un arte que implica un cierto conocimiento del mismo para ser debidamente apreciado. Sobre todo, para ser ejercido. Más que en cualquier otra actividad, es preciso en ésta amar el trabajo para conocer toda su belleza. En este caso, amar el trabajo es gustarle a uno la vida en común con un animal. Muy frecuentemente, por desgracia, se encuentran dueños de perros que no tienen ningún conocimiento de la psicología canina, pasando, por tanto, a los ojos de sus vecinos por gentes brutales desprovista de corazón. Ciertamente que hay personas que tienen a un animal nada más que para sacar de él un rendimiento. Se ve alguna vez, pero el caso es, afortunadamente, muy raro, a ciertos propietarios tener un perro para que con sus ladridos guarde la finca; no teniéndole ningún aprecio. Tened por seguro que un animal en estas condiciones es un esclavo y un desgraciado. Es necesario querer bastante a los perros para dedicarles y consagrarles tiempo y trabajo. Podemos comprar una máquina cualquiera, instalarla y ponerla inmediatamente en servicio que, bajo la garantía del fabricante, realizará su trabajo a la perfección. Un perro no es, afortunadamente, en forma alguna una máquina. No es suficiente comprarle y colocarle al final de una cadena para que haga su servicio. Es un conjunto de cualidades superiores las que deben imbuírsele y no hacer de él un ser automático. En los dominios de la Educación y del Adiestramiento nada se hace solo. Todo está reglado, ordenado, previsto por la inteligencia y el corazón del Adiestrador. Carmelo Garcia, Instructor canino acreditado por M.I., S.C.V., INSF |