AGILITY Yera, Prop. Joan Fenosa Antes de centrarnos en la práctica del agility con el Boyero de Berna, creo conveniente explicar brevemente en qué consiste y cuáles son los orígenes históricos de esta práctica deportiva tan divertida y tan recomendable para conseguir una mayor conexión y compenetración con nuestro perro. Prometo intentar que no os durmáis!
El agility nació de una forma curiosa, en el año 1.977, en la Exposición de CRUFTS. El inglés John Varley tuvo la idea de "rellenar" los tiempos muertos que se producían hasta la celebración de los juicios para los mejores de grupo y el Best In Show, con una adaptación de las pruebas hípicas de saltos... pero con perros. Después de ese debut oficioso en el mundo canino, vino la difícil tarea de elaborar una normativa, dar a conocer al público ese germen del agility.... Estaba claro que el camino hasta el agility como lo conocemos a día de hoy sería largo y en ocasiones complicado. Y así fue, ya que hasta fechas más o menos recientes, 1.988 en Francia o 1.990 en España, el agility no fue reconocido oficialmente como deporte. Una vez hecha esta brevísima introducción histórica vamos a ver qué es y en qué consiste el agility. Pero antes de adentrarnos más en el tema he de haceros una advertencia: el agility crea adicción así que... seguid adelante bajo vuestra propia responsabilidad... Esencialmente esta disciplina deportiva consiste en superar una serie de obstáculos que según su trazado y tiempo estimado, determinarán la dificultad del recorrido.
Pero no es tan sencillo... no sirve con hacer los obstáculos en el orden que cada uno quiera o en plan apisonadora derribando todo objeto que se interponga en el camino de nuestros bouviers... no, los obstáculos deben superarse en el orden establecido, dentro de un tiempo determinado y derribando el menor número posible de los mismos. El perro debe ir sin collar ni correa y obedeciendo nuestras órdenes, algo que, aunque el primer día nos parecerá poco menos que imposible, con un poco de tiempo y ganas veremos que empezar a hacer algún circuito sencillito con el perro suelto no es tan difícil. Además, os puedo asegurar (y por favor no penséis que me he bebido todo el vino de La Rioja...) que es más sencillo hacer una pista con el perro suelto que con el perro atado. Esto es así porque cuando tienes que hacer algún obstáculo con giro, dando una vuelta sobre ti mismo y pasando por delante del perro, si llevas al perro atado con correa puedes acabar enredado con la correa y en el suelo!! Os habla la voz de la experiencia...
En cualquier caso, tenéis que tener claro que “no has de conseguir que el perro haga lo que tú quieras, sino que el perro quiera hacer lo que tú quieres que haga”. Coen, Prop. Israel González Escrito por: Joan Fenosa |